Una vez me dijeron que el tiempo no existe, que solo somos una fuente de pequeñas ideas que se expanden y se crean... al no tener una razón para el día y la noche, alguien pensó que debía hacer algo y cambiar aquello, y lo hizo, creo un pequeño artilugio con agujas y numeros que pasaban y contaban los segundos, los minutos y las horas. Aquello ha transformado el mundo, lo ha cambiado completamente hasta hacerlo enloquecer, pues ahora nuestras vidas dependen de ello, de esas agujas que señalan el tiempo, el tiempo que nos queda. Al final todos vamos con prisas, corremos y hacemos lo imposible por superar la velocidad de la luz, para que esas agujas no nos señalen que hemos llegado demasiado tarde. Todo esto se puede comprobar en una fotografía de las grandes ciudades, en las que se ven los coches como unas rápidas lineas difuminadas y los edificios encendidos, mirando sin ver toda la vida que se desarolla al alrededor.
Al final, llega una momento que que las agujas te sobrepasan, y te rindes... ya no sabes que hacer, te encuentras perdido en un mundo agetreado e insensible. Muchos se quedan ahí, atrapados en su propia jaula, pero hay otros que cuando llega el momento, reúnen fuerzas y hechan a correr, otra vez... para encontrar un lugar mejor.
Pero, si el tiempo no existe... ¿qué sentido tiene levantarse de noche y llegar de noche? ¿para que los sirve aquel reloj sino para controlarnos?... pues todos los días son iguales, las horas, las rutinas... al final todo se hace monótono y te quedas esperando a que pase un pequeño milagro o algo extraordinario. Pero, ¿y si ese algo no pasa, y si no ocurre nada? esas preguntas nunca tendrán respuestas, pues somos nosotros los que podemos abrir nuestra jaula y hacer algo extraordinario.
Gracias por haber dedicado tu tiempo para leer esta pequeña idea...
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